martes, 19 de mayo de 2009

Trolebuses: Cincuenta Años y un Desafío



Cuando en 1959 tardíamente Rosario inauguraba su primera línea de trolebuses, pocos se imaginaban que ese auspicioso comienzo tendría sin embargo, luego de su época de apogeo, un tiempo de agonía; y tras éste, una reactivación parcial que, medio siglo después, presenta interrogantes y desafíos. Fue a instancias del Dr. Alejandro Gómez, Vicepresidente de la Nación y oriundo de nuestra ciudad, que el anhelado proyecto de tener trolebuses pudo cristalizarse, ya que quien secundaba al Presidente Frondizi, gestionó la cesión de trolebuses M.A.N. por parte de la empresa Transportes de Buenos Aires.

Aquella primera línea - la “G” - que cubría un corto tramo entre la Plaza Sarmiento y la plazoleta de Av. San Martín y Saavedra, fue el puntapié inicial para un sistema que llegó a tener setenta y dos kilómetros de extensión entre líneas de servicio y accesos auxiliares.
En 1961 llegaron los trolebuses FIAT, comprados nuevos, con lo que la red se expandió y ganó en las preferencias del público. Mientras la desacertada medida de erradicar los tranvías se hacía efectiva, y la privatización del transporte automotor había acabado con las cotidianas huelgas de personal, pero fomentando que los noveles empresarios solicitaran recurrentemente aumentos de tarifas, los trolebuses se consolidaban con seis líneas que unían los cuatro puntos cardinales de la ciudad.

Puede decirse que el “Corredor Norte-Sur” tuvo su verdadera implementación en aquél entonces, con la combinación de las líneas “H” y “J”. Además, a estas líneas, se les sumaban refuerzos, como la “I”, hasta la Plaza Alberdi , y la “G”, que complementaba a la “J”, pero llegando a la Estación Terminal de Ómnibus “Mariano Moreno”. Por su parte, el puntal del sistema fue -y sigue siendo- la línea “K”, desde el Este al Oeste. Su refuerzo fue la “L”, hasta la estación Rosario Oeste del Ferrocarril General Belgrano; pero su existencia fue efímera. Las líneas de refuerzo tenían por objeto permitir el transporte en condiciones seguras y cómodas, de aquellos pasajeros que residían en zonas intermedias, y que encontraban los troles de las líneas troncales, demasiado llenos. Sin embargo, al salir de servicio varios trolebuses M.A.N. por propia fatiga de las máquinas, las líneas de refuerzo fueron eliminadas, mientras que se fusionaron la “G” y la “J”, dando origen a la “M”, a partir de 1967.

Los ataques a la propiedad pública, perpetrados en septiembre de 1969, tuvieron como blanco principal a los ferrocarriles y el transporte urbano. Once trolebuses fueron incendiados, y ya no se pudieron recuperar. Si bien un año después llegaron los “Mercedes-Benz”, la limitada confiabilidad de éstos hizo que el sistema no recuperase los niveles de calidad de antaño. Tras el restablecimiento democrático, el electo intendente Ruggeri firmó la compra de cuarenta unidades soviéticas, pero el contrato no se efectivizó al caer el Gobierno Constitucional en marzo de 1976. La dictadura militar hizo suya la provincia de Santa Fe por medio de la Marina, y quien entonces regía la ciudad dispuso la cancelación de la línea “H”, quedándose la zona Norte sin trolebuses. Con el consejo de las cámaras empresarias del autotransporte, que recomendaban suprimir los trolebuses, se resolvió privatizar el sistema, vendiéndose los bienes muebles e inmuebles, transfiriéndose los servicios en junio de 1979. Aunque el concesionario reflotó la línea “H”, al poco tiempo las empresas de colectivos presentaron recursos de amparo que obligaron el cese de las operaciones. A pocos meses de la incorporación de los cinco trolebuses rusos, única inversión de fuste en la concesión otorgada, se anexó el tramo Norte al recorrido de la “M”, constituyéndose entonces un trayecto troncal 100%.

Por diversos incumplimientos; la no renovación de trolebuses y a cambio de ello la construcción artesanal de vehículos de improvisada calidad y dudosa seguridad; y el experimento de microómnibus a baterías cuya implementación no era el objeto de la concesión, la administración del Intendente Natale dispuso en 1982 recuperar las instalaciones fijas. En 1984, cesó la línea “M”, mediante la autorización del flamante Concejo Municipal, y los trolebuses ya no volvieron al corredor Norte-Sur. Cinco años después, el Intendente Usandizaga firmó el contrato de concesión de la línea “103” con Martín Fierro S. A., dos días antes de renunciar a su cargo. Mientras tanto, los troles de la “K” ya no mejoraron y por el contrario, sufrieron la intromisión de colectivos Diesel en el corredor -so pretexto de la crisis energética-, situación que se prolonga hasta la actualidad. Los setenta y dos kilómetros de líneas aéreas, se redujeron a veinte; las subestaciones rectificadoras, de siete en servicio pasaron a dos, y de cuarenta trolebuses entregados por el municipio, sólo quedaron no más de doce unidades de fabricación propia.

En enero de 1994 se inauguró la nueva Línea “K”, con veinte flamantes trolebuses. La inversión privada tuvo su puntal en el Intendente Héctor Cavallero (por entonces del Partido Socialista Popular), asistido desde el Honorable Concejo Deliberante por Osvaldo Turco (Partido Justicialista), quien desde su banca defendió tenazmente el sistema eléctrico. Mientras tanto, se sustanciaron las demandas civiles y penales, que hoy - quince años después- están en sus fases finales de resolución.
La recuperación de la “K”, lamentablemente no tuvo su correlato en el resto del sistema; esto sin duda se debió a la falta de decisión política. En 2004, por desavenencias internas del consorcio concesionario e incumplimientos diversos para con el Municipio, la SEMTUR se hizo cargo de la línea, operándola desde entonces. La Sociedad del Estado recuperó instalaciones fijas, que hacía tiempo habían dejado de recibir mantenimiento, puso nuevamente en servicio varios trolebuses detenidos, y concluyó la reconstrucción de una unidad que había sido siniestrada años antes.

Luego de abortarse la importación de los trolebuses de segunda mano a valor simbólico desde Vancouver (Canadá), se abren interrogantes para este medio de transporte. Sus principales ventajas son su propulsión eléctrica, no emitir contaminantes, y ser un sistema versátil que no requiere para su implementación de grandes obras viales, ni inversiones millonarias para concretar extensiones o nuevas líneas. La línea “K” es la mejor línea de Rosario, pero el desafío es pensar en la paulatina renovación de sus coches, sus redes y sus subestaciones -con medio siglo a cuestas-, para poder seguir brindando los servicios de excelencia que hoy ofrece. Asimismo, es preciso que se le confiera el rol que el trolebús debe tener en el contexto del transporte urbano, convirtiéndolo en un servicio rápido, sin interferencias de líneas de colectivos, con carriles preferenciales y gobierno sobre la señalización luminosa. En el mismo sentido, se hace imprescindible expandir la red, principalmente en aquellos corredores en donde subsiste infraestructura reutilizable, y una tarifa diferencial por parte de la Empresa Provincial de la Energía, que elimine la desventaja que sufre el trolebús frente a los colectivos, que gozan de gasoil subsidiado.

Hay trescientas cuarenta y cinco ciudades en el mundo que tienen redes de trolebús, así como existen más de veinte fabricantes. Rosario tuvo la suerte de conservar el sistema de trolebús junto con la provincia de Mendoza, mientras el resto de los sistemas argentinos fueron cancelados en 1966. Hoy está el desafío de recuperar parte de aquello que hemos perdido a manos de concesionarios ineficientes y de funcionarios de dudoso comportamiento. Más que razones técnicas o económicas, la decisión política será el instrumento que permitirá concretar los objetivos que en este breve texto se han planteando.

MARIANO CÉSAR ANTENORE
18 de mayo de 2009

sábado, 9 de mayo de 2009


EL CONCEJAL OSVALDO MIATELLO, Y SU INICIATIVA PARA POTENCIAR LA RED DE TROLEBUSES

05-05-2009
Piden reducir el precio de la electricidad para trolebuses
Al rescate de los trolebuses.


Este parece ser el espíritu del proyecto del concejal del Frente para la Victoria PJ Osvaldo Miatello, quien propone que la Empresa Provincial de la Energía (EPE) reduzca el precio de la electricidad que abonan estos vehículos y que, además, se los declare patrimonio histórico cuando están a punto de cumplir 50 años circulando por la ciudad (ver aparte).
"La línea K tiene una flota de 20 troles y paga por unidad 3.700 pesos mensuales por la electricidad que consumen. En tanto, los colectivos, un total de 700, reciben gasoil subsidiado a 55 centavos el litro: pagan unos 1.500 pesos por unidad y por mes. Esto hace que el trole no sea competitivo respecto del resto de la flota", evaluó el edil antes de rescatar a los troles como medios de transporte "ecológicos".
"Nadie duda que el sistema de troles —añadió— es superior a cualquier otro del transporte público desde el punto de vista ambiental y que además tiene un valor histórico, por lo que se hace necesario preservarlo. Pero el hecho de recibir la electricidad a un precio muy superior al gasoil subsidiado por el gobierno nacional los convierte en difíciles de sostener".
En el proyecto, Miatello evalúa que si el gobierno nacional y también el municipal subsidian a los colectivos, "sería justo que la EPE fijara una tarifa diferencial para los troles, que pertenecen a una empresa del municipio (Semtur) y que actualmente pagan tarifa 2, la que corresponde a grandes demandas o grandes empresas privadas. Pero deberían pagar lo mismo que se paga por el gasoil", sugirió.
Proyecto trunco. Los troles habían comenzado a ser un proyecto aún más ambicioso en la ciudad. El año pasado el municipio había proyectado la implementación de una línea de trolebuses que uniría Villa Gobernador Gálvez, Rosario y Granadero Baigorria.
La idea era reflotar la línea M con 80 unidades provenientes de Canadá. La gestión había sido realizada por el propio intendente Miguel Lifschitz tras conectarse con el titular del ente metropolitano de San Francisco (Estados Unidos). Pero finalmente Rosario se bajó del proyecto y las unidades fueron a parar a la ciudad de Mendoza. l
Más de una ida y vuelta en la historia del trole
Carlos Fernández Priotti,
técnico e integrante del Grupo Interdisciplinario Transporte, Tránsito y Territorio, publicó hace unos meses en LaCapital la historia que unía y a la vez diferenciaba a Rosario y Mendoza en materia de troles.
Aquí se extraen dos párrafos de esa reseña: "Son los dos sistemas de trolebuses sobrevivientes más antiguos de la Argentina. Su instalación data de finales de la década de 1950 y principios de la siguiente. Las instalaciones de alimentación de las unidades fueron similares y en ambos casos se desarrollaron exitosamente, principalmente con trolebuses de primera mano (en Rosario, los italianos Fiat, y en Mendoza, los japoneses Toshiba) que rindieron servicio de calidad por 20 años".
"Pero en 1977, el gobierno de facto determinó en Rosario que el servicio debía suprimirse, transfiriéndose las líneas a sistemas de colectivos. En 1979 se privatizó el sistema en manos de empresa Martín Fierro. Cinco años después, el concesionario obtuvo la aprobación del Concejo para suspender por un año la circulación de la M. Pero el plazo nunca se cumplió y sólo se conservó la K ".
Nota publicada en el diario "La Capital" de Rosario, el día 5 de mayo de 2009.
ACLARACIÓN DESDE "TROLEBUSES ROSARINOS":
Así como en otras oportunidades hemos apoyado y difundido las iniciativas de los dirigentes políticos que propendían a la expansión y mejoramiento del transporte eléctrico y guiado, en esta oportunidad saludamos al concejal Osvaldo Miatello por su proyecto.
Todo aquél que apoye al sistema de trolebuses, independientemente de la ideología política a la que pertenece, merecerá nuestra más férrea adhesión.

viernes, 1 de mayo de 2009

MENDOZA ESTRENÓ LOS TROLES CANADIENSES


El jueves 30 de abril en horas de la mañana, el Gobernador de la Provincia de Mendoza habilitó los primeros cinco trolebuses, de un total de ochenta, para que inicien sus actividades en la capital de la provincia cuyana y municipios aledaños.
El acto se desarrolló en las históricas instalaciones de Perú 2592 de Mendoza, en donde se congregaron autoridades, personal de la Empresa Provincial de Transportes, invitados especiales y público.


Luego de la ejecución del Himno Nacional por parte de la Banda Oficial, las autoridades hicieron uso de la palabra. Más tarde, se abordó un trole que encabezó la caravana, en donde viajó el Gobernador Jaque, quedando éste maravillado por el buen estado de los trolebuses comprados a Canadá, así como la calidad de los trabajos de reacondicionamiento efectuado en una carrocera mendocina.


El incansable Jorge Luis Guevara, inspector de la "Empresa de Troles", y permanente "foguista" desde 2005 para que los troles de Vancouver llegasen a Mendoza, tuvo oportunidad de dialogar con Celso Jacke, y le puso de manifiesto que la génesis de esa gestión correspondía al ingeniero rosarino José Luis Moscovich, quien desde San Francisco, EE.UU., había negociado la cesión de los troles, principalmente para la ciudad de Rosario, pero dada la cantidad disponible en un principio (240 troles), también para Mendoza y Córdoba.


Asimismo, el autor de este blog tuvo la gratísima sorpresa de recibir el llamado telefónico del Gobernador Jaque, quien le agradeció haber sido el nexo en la Argentina para que su provincia de Mendoza haya podido acceder a tan excelentes trolebuses. Tal actitud del Primer Mandatario de la provincia cuyana resulta un honor para quien esto escribe, y mueve la reflexión, puesto que desde tan lejos se ha reconocido la humilde labor de un entusiasta de los trolebuses, mientras que desde Rosario, quienes recibieron de primera mano la propuesta, aún no han dado explicación alguna acerca de haber desistido de la importación de las unidades ("ninguneo" que le dicen...).
Mientras Mendoza celebra la incorporación de vehículos del primer mundo, usados pero en buen estado, y avanzan en la construcción de su primer sistema tranviario moderno, en Rosario desechamos oportunidades en pos de proyectos muy buenos, pero cuya concreción es incierta, debido a los grandes costos que implicarían. Digamos que "el que mucho abarca, poco aprieta", y los rosarinos seguimos dejando que la historia nos pase por el costado...

viernes, 24 de abril de 2009

LA AZAROSA EXISTENCIA DEL TROLEBÚS


Para aquellos que sienten curiosidad en conocer el funcionamiento de un Trolebús, extractamos el correspondiente pasaje del libro "Trolebuses Rosarinos", esperando que sea de interés didáctico y esclarecedor para los lectores.


¿QUÉ ES UN TROLEBÚS?

El trolebús es un vehículo con una suerte tan errática como híbrida es su naturaleza. Se lo conoce con diferentes denominaciones que, traducidas literalmente al castellano, significa “tranvía sin rieles”, “ómnibus que se desplaza bajo una línea”, ú “ómnibus de hilo” (en alusión a la línea aérea de contacto). En realidad cualquiera de estas acepciones cabe para definir al vehículo que tuvo en la Argentina su mayor auge en la década de 1950. Hoy su participación en el transporte es evidentemente menor, y se conocen sistemas de trolebús en trescientas treinta y cinco ciudades en el mundo. No obstante, si bien se dan de baja algunos sistemas, también se habilitan otros nuevos, como el de Quito, capital de Ecuador, inaugurado en 1995.

Un trolebús es un vehículo de transporte de pasajeros que se propulsa mediante energía eléctrica. Dicha energía la toma a través de dos “trolleys” (pértigas huecas con sendos cables en el interior), los que instalados en el techo de la carrocería se alzan y toman contacto con una línea aérea constituída por dos gruesos alambres de cobre electrolítico suspendidos a una altura de 5-6 metros. Esta línea también sirve de guía para el recorrido. La corriente alternada llega en forma de media tensión a las subestaciones del sistema, en donde es reducida a un voltaje de 550-750 voltios, y rectificada a corriente contínua. Generalmente el polo positivo es el que conduce el alambre de la izquierda, en el sentido de marcha del vehículo.
En el trolebús la energía recibida llega a los “contactores”, dispositivos electromagnéticos que regulan el ingreso de corriente al motor de tracción. Cuando el conductor pisa el acelerador, los contactores van librando gradualmente un conjunto de resistencias permitiendo una paulatina entrada de energía al motor, con el consiguiente aumento de la velocidad.
Para frenar, otro cuadro de contactores se configuran de manera tal que el motor de tracción en vez de recibir energía la deriva a otro grupo de resistencias, que la disipan en forma de calor.
En los trolebuses modernos, los contactores y las resistencias han sido reemplazados por “tiristores”, dispositivos electrónicos, que reducen apreciablemente el consumo de energía.

Muy pocos saben que el trolebús es una invención centenaria, surgida unos años después de la entrada en escena del tranvía y la locomotora eléctricos. Los primeros trolebuses eran en apariencia similares a los coches de tracción a sangre, y a los incipientes ómnibus con motor a explosión. Las ruedas eran de caucho macizo, mientras que el motor eléctrico estaba ubicado en la parte delantera del vehículo, en la misma posición que un motor a explosión. La energía eléctrica era captada por un pequeño carrito con ruedas que se deslizaba sobre una muy primitiva línea aérea. Ciertamente que el sistema era sumamente engorroso por no tener aún perfeccionados sus componentes. No obstante algunos países hicieron suyo este curioso sistema, al que le incorporaron paulatinamente los progresos tecnológicos. Entre las naciones que adaptaron al trolebús y lo perfeccionaron figuran Italia, Suiza, Alemania, Inglaterra y Estados Unidos de Norte América.

miércoles, 4 de febrero de 2009

TROLEBUSES: HISTORIA DE DOS CIUDADES

A principios del mes de noviembre de 2008 partió del puerto de Vancouver (Columbia Británica, Canadá) un buque que transportó ochenta trolebuses adquiridos de segunda mano (en excelente estado de conservación) a la operadora de transporte público urbano local, destinados a reforzar la flota de la Empresa Provincial de Transporte de Mendoza para los servicios de tracción eléctrica que presta en la capital cuyana.
Si bien esta noticia ha resultado grata para todos quienes favorecen el transporte urbano eléctrico, para el caso particular de los rosarinos deja un sabor amargo, pues dichas unidades habían sido inicialmente reservadas para su utilización en nuestra ciudad, para rehabilitar las líneas "H" y "M" (corredor norte-centro-sur) y para reforzar el plantel de la línea "K".
Hace casi cuatro años, merced a la gestión de José Luis Moscovich (destacado profesional rosarino que desde hace varios años conduce la Autoridad de Transporte del Condado de San Francisco, California), se tuvo conocimiento de que la operadora de los trolebuses de Vancouver renovaría con unidades cero kilómetro a las más de doscientas que se encontraban allí en servicio desde la década de 1980. Las condiciones de entrega de los coches eran sumamente ventajosas, a punto tal que incluyendo el traslado hasta nuestra ciudad, llevaban el costo de cada trolebús a alrededor de la tercera parte del costo de adquisición de un ómnibus cero kilómetro en nuestro país.

Demora fatal. Transmitido esto a la autoridad municipal rosarina (que opera desde el 2004 la línea "K" a través de la Semtur), la posibilidad ofrecida contó inicialmente con una favorable acogida, que inclusive se tradujo en varios anuncios públicos acerca de su probable concreción. Sin embargo, las tratativas formales se vieron sumamente demoradas, prolongándose en demasía frente a la imperiosa necesidad de los canadienses en retirar progresivamente del servicio los coches a medida que se incorporaban las nuevas unidades; este hecho significó que, ante la imposibilidad de almacenar la gran cantidad de trolebuses ya retirados de circulación, más de un centenar de ellos fueron desmantelados. Finalmente, el remanente de los vehículos fue adquirido a último momento por la operadora mendocina, que espera incorporarlos al servicio durante los próximos meses.
Este hecho lleva a plantear los paralelismos y divergencias entre los dos sistemas de trolebuses sobrevivientes más antiguos de la Argentina. Tanto en Rosario como en Mendoza, su instalación data de finales de la década de 1950 y principios de la siguiente. Las instalaciones de provisión de energía y alimentación a las unidades fueron similares, y en ambos casos las operaciones se desarrollaron exitosamente sobre varias líneas, principalmente con trolebuses adquiridos de primera mano (en Rosario, los italianos Fiat, y en Mendoza, los japoneses Toshiba) que rindieron servicios de excelente calidad por más de veinte años.

Diferencias. Hacia finales de la década de 1970 y principios de la siguiente, comenzaron a delinearse elementos que establecerían importantes diferencias entre ambos casos. En Rosario, el gobierno de facto determinó en 1977 que el servicio debería ser suprimido, transfiriéndose las líneas a los operadores privados del sistema de colectivos; esta idea fue pronto dejada de lado pero en 1979 se privatizó el sistema, transfiriéndose a la Empresa Martín Fierro SRL, con los desastrosos resultados por demás conocidos. Tan sólo cinco años después, el concesionario obtuvo la aprobación del Concejo Municipal para suspender por el lapso de un año la circulación de los "troles" por la línea "M", hecho que se concretó a partir del 4 de noviembre de 1984. La promesa de restablecer el servicio eléctrico en el plazo de un año nunca fue cumplida… Sólo se conservó el servicio en la línea "K", el que se sostuvo por varios años en condiciones sumamente precarias.

Made in URSS. En tanto, en Mendoza, a principios de la década de 1980 se concretó la adquisición de diecisiete trolebuses soviéticos (algunas de cuyas unidades aún continúan en servicio, tras veinticinco años de periódico ajetreo ciudadano), y durante la segunda mitad de ese período se llevó a cabo otra importante operación, la primera de su género en el ramo en nuestro medio, consistente en la compra de setenta y ocho unidades de segunda mano procedentes de la ciudad alemana de Solingen, las que a su vez habían sido previamente ofrecidas a la ciudad de Rosario durante la intendencia de Horacio Usandizaga. Contando con estos importantes refuerzos, se pudo instrumentar el paulatino retiro de los trolebuses japoneses y, a la vez, se acometió la construcción de una nueva línea que se sumó a las tres preexistentes.
En la década de 1990, la situación en Rosario experimentó una mejora. La intendencia de Héctor Cavallero, con la colaboración del entonces concejal Osvaldo Turco, hizo propia la consigna de rescatar de una casi segura extinción al decadente sistema local de trolebuses. Se decretó la caducidad de la concesión de la empresa Martín Fierro y se dispuso la realización de una licitación que se materializó en enero de 1994 con la rehabilitación de la línea "K" con un nuevo operador privado. No obstante, las esperanzas de un retorno de los troles a la línea "M" se vieron diluidas, desaliento compensado en parte por el exitoso desempeño de la nueva prestación, que casi de inmediato recuperó niveles de transporte y la aprobación del público que eran desconocidos desde los mejores tiempos de la operatoria municipal entre las décadas de 1960 y 70.

Revalorización. En Mendoza, durante la misma década se llevó a cabo de manera progresiva un ambicioso esquema de revalorización del servicio, basado en la reconstrucción de subestaciones y redes aéreas con moderna tecnología, además de la construcción de dos nuevas líneas. La culminación de este emprendimiento se materializó en 2004, cuando finalmente se puso en servicio la quinta línea, de naturaleza troncal, que ha posicionado al trolebús como parte destacada del esquema del transporte urbano de la aglomeración del Gran Mendoza. Casi veinte años después de su incorporación, las unidades adquiridas a Alemania continúan siendo parte del paisaje urbano, a las que se agregarán en algunas semanas los vehículos procedentes de Vancouver, que también se prevé serán utilizados en otras dos líneas a construirse.
Es necesario destacar las virtudes emergentes de la aplicación de medios de transporte urbano eléctrico, tales como baja emisión de ruidos y material particulado, además de ser no contaminantes ni emisores de gases de efecto invernadero, la posibilidad de sustitución del uso de combustibles fósiles y su reemplazo por energía proveniente de fuentes renovables. Estos, además de otros factores, han favorecido su extensión en los países desarrollados, y en la actualidad también son objeto de particular atención en muchos países emergentes y otros en vías de desarrollo.
La principal ventaja del trolebús es que permite, mediante niveles de inversión relativamente moderados, alcanzar resultados altamente favorables que repercuten de manera significativa sobre la calidad de vida de pasajeros y vecinos, además de una mayor habitabilidad de los espacios urbanos.

Contrastes. Similares en parámetros operativos y equipamiento al tiempo de su introducción, los contrastes actuales entre las operaciones de transporte urbano eléctrico de Rosario y Mendoza son harto evidentes. La longitud de líneas aéreas de contacto del sistema rosarino, que superó los setenta kilómetros a finales de la década de 1960, en la actualidad se encuentra limitada a una tercera parte de esa cifra; la cantidad de unidades ha experimentado una reducción similar y por el momento no se advierten signos tendientes a revertir esta situación. Por otra parte, la gestión del sistema mendocino, aun siendo de menores dimensiones iniciales que su contraparte rosarino, ha permitido posicionarlo con el paso de los años como un medio completamente consolidado y que disfruta de una imagen pública muy favorable.
Si los rosarinos podremos seguir disfrutando, e incluso recuperar los corredores perdidos por "el trole", todo depende en primera instancia de un compromiso concreto entre el Estado municipal y la provincia (siendo esta propietaria de la Empresa Provincial de la Energía). La experiencia mendocina permite corroborar el éxito de tan simple fórmula. Estos elementos deben ser tenidos en cuenta, para servir como ejemplo de lo que se debe hacer en el futuro.
CÁRLOS ALBERTO FERNÁNDEZ PRIOTTI
Técnico, Grupo Interdisciplinario Transporte, Tránsito y Territorio
Nota publicada en la columna "Reflexiones" del diario La Capital de Rosario, el día 4 de febrero de 2009.

lunes, 12 de enero de 2009

TRANSPORTE URBANO DE PASAJEROS: ENTRE LA RENTABILIDAD PRIVADA Y EL BENEFICIO PÚBLICO

Siendo como su nombre lo indica, el blog de Trolebuses Rosarinos, la inclusión de un artículo de opinión sobre la realidad del transporte urbano de pasajeros en el área metropolitana de Rosario (prácticamente automotor), aparece como algo impropio. Sin embargo, creo oportuno verter algunos conceptos con los que no pretendo que el lector acuerde, pero sí al menos, fomentar el debate y el análisis profundo e inteligente.
Por poner un ejemplo puntual acerca de los intereses que se mueven dentro del transporte, en octubre de 2008, la cantidad de pasajeros equivalentes de la línea 103 fue de 596.628. Ésto representa una suma de $954.604,80 (valor tarifario de $1,60.-). Estamos citando los ingresos de una sola de las treinta y ocho líneas que componen el sistema municipal de transporte urbano de Rosario. Imagine el lector el volumen de dinero que circula en torno a esta actividad a la que algunos consideran “negocio”, y otros preferimos calificar como “servicio público”.
Quien piense en el transporte de pasajeros con un criterio romántico y “hobbista”, se desanimaría irreversiblemente al ver el entramado político y de intereses que se manejan tras la operatoria de la locomoción pública. No obstante cada quien tiene la libertad de ver la cosa con el cristal que desee, e ignorar lo que en la realidad ocurre, para bien o para mal.
El transporte es política pura y la faz técnica está subordinada a aquella.

UN BREVE REPASO DE LA HISTORIA RECIENTE
Cuando en 1960, la Municipalidad de Rosario decidió concesionar el transporte público de pasajeros, quedando solamente con la prestación de los sistemas eléctricos, adoptó un modelo que contemplaba la rentabilidad bajo ciertas premisas: que las unidades de transporte fueran operadas por sus propios dueños.
Hasta ese momento, la Empresa de Transporte de Rosario había transcurrido la década de 1950 bajo la órbita del gobierno provincial. En dicho período se hicieron crónicas las ausencias masivas de personal, los tiempos de mantenimiento y reparaciones sumamente laxos y otras prebendas alcanzadas bajo la sombra de gobiernos de corte populista. Atrás había quedado la disciplina y transparencia de la Empresa Municipal Mixta de Transporte del Rosario, aquella que a partir de 1932 creo una red integrada de modos, con control popular despolitizado y que fue capaz de adquirir 130 ómnibus con recursos propios y construir una flota de tranvías en sus talleres.
El nuevo modelo sesentista planteaba que los trabajadores eran dueños ahora de su herramienta laboral. Pasaron los años, y algunas compañías que no supieron disciplinarse, quebraron. Otras, en cambio, superaron la prueba con creces y se convirtieron en modelos de eficiencia.
Sin embargo, el crecimiento de estas empresas significó que sus administraciones requerían un control estricto de las actividades, por lo que sus dueños ya no podrían dedicarse a la conducción y al mantenimiento. Al menos, no todos. Algunos otros componentes, legítimamente creyeron que poseyendo un patrimonio importante, no tenían por qué desempeñar una labor tan sacrificada como la del volante o la de la mecánica, y prefirieron contratar choferes. Del vehículo gracias al cual “comían” cinco familias, luego debieron comer siete, o quizás, ocho. Asimismo, prefirieron simplificar la tecnología que operaban, y de tener ómnibus, pasaron a explotar chasis de camión, con la consiguiente disminución del confort ofrecido a los pasajeros. La ecuación económica, así sí cerraba…
No obstante ello, el público siempre valoró la puntualidad y la frecuencia generosa, y existieron líneas que se destacaron por pasar cada dos, tres o cuatro minutos. Otras, además, cambiaban sus coches cada dos o tres años.
La década de 1970 y la primera mitad de la de 1980 fue pródiga en permitir la consolidación de ese modelo de empresa. Los ex trabajadores eran entonces empresarios, muchos de los cuales alcanzaron niveles de riqueza personal tan altos, que resulta difícil justificar. Casi todos se nuclearon en una cámara empresaria fuerte, que durante la dictadura militar mantuvo buenos lazos con el poder municipal del momento, y gracias a ello, con frecuentes y arbitrarios aumentos de tarifas.
A fines de la década de 1980, la economía nacional cambiaba los paradigmas, y ese modelo debía ser revisado. Por su parte, la oferta de vehículos, tan conservadora y limitada a una marca (con una segunda opción con mercado muy marginal), tuvo un cambio favorable hacia los pasajeros: la reaparición del “ómnibus urbano” como concepto de vehículo.
Un mayor costo inicial y también valores de mantenimiento más elevados, significaban no obstante un beneficio para el usuario.
En paralelo, aquellas compañías que no supieron adaptarse a estos cambios, fueron cayendo una a una.
Pero no fueron las razones macroeconómicas las únicas que incidieron en esa escalada de quiebras: desde 1990, el gobierno municipal de Rosario impuso por decreto medidas como la del medio boleto para estudiantes secundarios, y más tarde, la gratuidad total e ilimitada para los viajes de personas mayores de 69 años. Los costos de esas resoluciones no fueron cubiertos por la Municipalidad, sino que recaían sobre los ingresos de las empresas. Las más pobres, fueron las más perjudicadas.
Accesoriamente, supuestos créditos blandos (luego se comprobó que no lo eran tanto…) hizo que empresas con escaso capital renovasen sus flotas por ómnibus cero kilómetro de un día para el otro. Así, a poco de cumplido el período de gracia para empezar a pagar, las empresas desnudaron su iliquidez, y también quebraron.
A este proceso se sumó también la quiebra de una importante compañía de seguros, que provocó que sus afiliadas debiesen afrontar las indemnizaciones por juicios con sentencia en contra.
Por su parte, otras compañías pretendieron dar “el paso más largo que la pierna”, y tan pronto una empresa quebraba, ellas ofertaban cubrir sus servicios, sin medir la costeabilidad o no de tal operación. Las caídas de estas firmas fueron estrepitosas, con crisis que hicieron tambalear a las intendencias de turno.
Un nuevo componente que rebajó el margen de rentabilidad de las empresas fue la implementación del sistema pre-pago de expendio de crédito para cancelación de viajes, mediante la tarjeta magnética. Por ordenanza municipal, y tras varios intentos por crear sistemas administrados por las propias empresas (las que nunca se pusieron de acuerdo por mutua desconfianza), fue el Banco Municipal de Rosario el encargado de proveer los servicios de venta anticipada, recaudación y clearing. Claro que por ello se llevaba la nada despreciable suma de 7% por cada viaje cancelado.
Hoy esa comisión es algo menor (aproximadamente un 4%), pero aún así el Banco se niega a dejar ese negocio del que se dice lo mantiene a flote, ya que se trata de una entidad crediticia que no resulta atractiva para ahorristas ni inversores. Por su parte, es crónica la ineficiencia en la distribución de tarjetas; prácticamente no deja comisión a quien las vende, y con ello, se desalienta el uso del transporte público. Las empresas de transporte cargan con esta realidad desde 1997, en que por reiteradas acciones delictivas a bordo de las unidades (incluidos asesinatos) se dispuso iniciar este sistema que en breve debería ser reemplazado por tarjetas sin contacto.

Finalmente, la crisis de diciembre de 2001 acabó con aquellas que habiéndose agrandado más de lo aconsejable, no pudieron seguir abonando sus deudas, y mucho menos, renovar su parque móvil.
Además, el personal de las empresas concesionarias crecía en edad y consecuentemente, en la antigüedad, lo que significaba una mayor erogación en sueldos. Los componentes de las empresas también envejecían, con escasez de ideas, poco control interno de sus empresas, y estado permanente de mutua sospecha.
El gobierno provisional de Eduardo Duhalde impuso ante la crisis, el modelo de los subsidios, a los efectos de evitar el impacto directo de las tarifas sobre los bolsillos de los usuarios. La práctica se acentuó a partir de 2003, con la presidencia de Néstor Kirchner.

LA HISTORIA DE SEMTUR
En lo peor de la crisis de diciembre de 2001, la situación crítica de Transporte General Belgrano S.A. (por entonces concesionaria de las líneas 119, 121,122, 123, 125 –en la esfera municipal- y la concesión provincial N° 172 “Rosario – Pérez”) no daba para más. La compañía se había expandido desmedidamente asumiendo la prestación de líneas provenientes de empresas quebradas. Transitoriamente prestó servicios en otras líneas cuyas concesiones habían sido suspendidas por la Municipalidad.
Diferentes cuestiones administrativas, costos crecientes de mantenimiento de unidades, y otros motivos desconocidos, llevaron a que la empresa dejase de prestar servicios en febrero de 2002. Ante la falta de interesados privados, la Municipalidad de Rosario tomó las líneas caídas creando la Sociedad del Estado para el Transporte Urbano de Rosario. Para ello incautó los vehículos de la fallida empresa General Belgrano; continuó el vínculo de asistencia que la quebrada tenía con Transporte Ideal San Justo S.A., y canjeó a Rosario Bus S.A. la prestación de las líneas 119 Y 125 por un grupo de unidades.
Puede decirse que ese azaroso nacimiento marcó la vida de la SEMTUR, ya que episodios como los que le dieron origen, se fueron sumando hasta conformar una empresa de dimensiones considerables. En síntesis, una empresa nacida para “apagar incendios”: así fue como se sumaron las líneas 113, 116, 120, 133, 160 y la línea “K” de trolebuses. En otro orden, se repusieron las líneas 163 (rebautizada “Línea de la Costa”) y 114 (conocida como “Ronda del Centro”).
Durante lo que quedaba de la gestión del ex intendente Hermes Binner, la situación de SEMTUR fue más parecida a la de una figura transitoria que se desenvolvía en un estado de permanente emergencia. La intervención del entonces Secretario de Servicios Públicos Miguel Lifschitz, posibilitó el reciclado de unidades. Ya cuando el funcionario nombrado fue ungido intendente municipal, SEMTUR tuvo un impresionante salto cualitativo y cuantitativo: se compraron paulatinamente 170 ómnibus nuevos, entre los que se cuentan 20 coches de piso súper bajo con rampa; los únicos que se ajustan a los prescripto por la Ley Nacional de Tránsito y Transporte, a la que la Municipalidad de Rosario había adherido oportunamente.
La permanente absorción de líneas que iban quedándose sin concesionario, implicaba la incorporación de sus respectivas plantillas de personal, con todos los beneficios laborales y provisionales. Así se sumaban técnicos, inspectores y administrativos en cantidad superior a la necesaria.
Por su parte, la figura de empresa pública implica el estricto cumplimiento de obligaciones sindicales, impositivas, provisionales. En SEMTUR, los francos ó las vacaciones trabajadas son abonados al 100%, como exige la Ley. En SEMTUR se respeta la antigüedad de los trabajadores, y no se los coacciona a la renuncia mediante el incentivo de una indemnización “en negro”, para luego reincorporarlos con su foja en cero.
Asimismo, esta empresa estatal ha incorporado líneas que por sus recorridos, no resultaban atractivas a los capitales privados, pero que sin embargo, son necesarias desde lo social.
En síntesis, no hay que olvidarse que si no hubiese sido por SEMTUR, una parte importante de la población rosarina no habría tenido transporte.
Quienes acusan a la firma oficial de deficitaria, subestiman los valores descriptos, así como tampoco consideran que los pasivos se deben en gran medida a la deuda contraída para proveer de una flota de vehículos nueva. Ninguno de los componentes de las empresas reemplazadas por SEMTUR se habría retirado pobre en su patrimonio personal. Sin ir más lejos, el crédito para la compra de los trolebuses de la línea “K” jamás fue cancelado por la concesionaria privada original, y tal deuda figuraba como incobrable en el Banco Provincial de Santa Fe residual.
Al día de hoy, SEMTUR, junto con la Empresa Mixta de Transporte Rosario S.A. (integrada mayoritariamente por capitales municipales) debió hacerse cargo de la prestación de las líneas que hasta la primera semana de enero operaba Las Delicias S.A., una histórica empresa privada que debió cambiar su razón social para poder presentarse a la licitación de los servicios, por encontrarse entonces en “convocatoria de acreedores” cuando era una sociedad de responsabilidad limitada.
Al igual que como ocurre con “La Mixta” la principal asignatura pendiente de SEMTUR es la publicación periódica y consecutiva de sus memorias y balances; ejercicio saludable y moralmente obligatorio que era práctica habitual en la ex Empresa Municipal Mixta de Transporte del Rosario, la célebre sociedad sobre cuya base se inspiró el Intendente Lifschitz para crear la actual “Mixta”.

CONTABILIDAD SOCIAL CON TRANSPARENCIA
Si el poder concedente elige un modelo de transporte público prestado por empresas particulares, debe abstenerse de jaquearlo con beneficios sociales irrestrictos, ni con recorridos de poca carga de pasajeros. Acá y en cualquier lugar, la naturaleza de una compañía privada es obtener ganancias. Está muy claro que el costo de las franquicias es abonado por el resto de los pasajeros, y que cuando los números no cierran, lo primero que se hace es restringir servicios, y lo segundo, diferir el mantenimiento de los coches, para finalmente suspender la reposición de unidades. En definitiva, el capital privado no aminorará sus pretensiones de lucro; siempre pretenderá llevarse más, y no dejará de hacerlo, aún a costa de rebajar la calidad de servicio a niveles inadmisibles.
Si por el contrario, el municipio se inclina por favorecer las necesidades públicas de manera intensiva, deberá optar por la figura estatal de prestación. Mundialmente, se sabe que EL TRANSPORTE DE PASAJEROS ES DEFICITARIO POR DEFINICIÓN. No por nada aún en los Estados Unidos de Norteamérica, cuna del capitalismo, la mayoría del transporte público es de administración estatal. Asimismo, en ese país se hizo propio el concepto de “contabilidad social”, acuñado hace varias décadas por los Ferrocarriles Alemanes. Este concepto radica básicamente en considerar que los costos directos e indirectos de no tener un buen transporte, son muy superiores a mantener la estructura de servicios. Es como la manutención de escuelas y hospitales: un bien intrínseco que debe preservarse y potenciarse si es necesario.
Lógicamente que esta apreciación no es un cheque en blanco para que en una empresa estatal se dilapiden los dineros públicos.
Lamentablemente, los directivos suelen ser funcionarios de directa confianza de los primeros mandatarios, pero que en pocos casos reúnen idoneidad profesional para ocupar esos cargos. Tampoco pueden dar fe de la transparencia de los procedimientos de compras y de quienes administran éstos. Si a ello se le suma que por una esencial necesidad de convivencia con los estamentos sindicales se es indulgente en la disciplina y el cumplimiento de las obligaciones laborales, es común encontrar gran cantidad de personal con parte de enfermedad, sobrepoblación de trabajadores, conductas indolentes y pequeñas corruptelas, que en su conjunto, conforman una “gran bola de nieve” a la que los detractores consideran déficit.
Una empresa estatal no es mala por naturaleza. Cuando no es eficiente, es directa responsabilidad del poder político que no la regula ni la controla.
Si por el contrario, hay erogaciones crecientes, pero las prestaciones se desarrollan con eficiencia y atienden a todos los sectores sociales con transparencia y pulcritud, no deben considerarse esas inversiones como “pérdidas”, sino como el costo del beneficio público para el cual tiene objeto la empresa estatal.

LA SUPUESTA “SITUACIÓN DEFICITARIA” DE LA LÍNEA “K” DE TROLEBUSES
Como se dijo antes, la naturaleza “emergentista” de SEMTUR, hizo que en 2004 esta sociedad del Estado debiese hacerse cargo de la línea “K”, ante la palpable probabilidad de que la ciudad se quedase sin la única línea de transporte eléctrico.
La empresa pública se hizo cargo de poner en condiciones a la veintena de trolebuses que circulan por la línea, de la cual la mitad se encontraba detenida por falta de repuestos, así como el pago de abultadas deudas que la concesionaria privada no había pagado.
No obstante, lo que puede cuestionarse (pese al buen funcionamiento de la línea) es que existe en SEMTUR el concepto de que la línea K es deficitaria. Esa idea cae por su peso, tomando en cuenta que las unidades están amortizadas, y que los costos de energía eléctrica para la alimentación de los troles es más económica que el valor comercial público del gas-oil que consumen los ómnibus Diesel. El error consiste en comparar el costo de la electricidad con el precio de combustible diferencial para colectivos, gracias al Gobierno Nacional, pero esta desventajosa situación para el trolebús, es coyuntural.
Otra equivocación es comparar el costo inicial de un trolebús con el de un ómnibus, sin tener en cuenta que para este último se considera el precio de un chasis de camión carrozado con apenas 10 años de vida útil, mientras que el trole es una máquina diseñada especialmente para el transporte de seres humanos, y con un período de amortización de entre 15 y 20 años.
Debe tenerse en cuenta que SEMTUR invirtió alrededor de 20 millones de pesos en 170 colectivos, mientras que para trolebuses, sólo erogó lo naturalmente necesario para la recuperación de la flota, sin incorporación de nuevos bienes de capital.
Como si lo mencionado no fuese suficiente, cabe aclarar que la línea "K" es la que presenta la principal ecuación pasajero/kilómetro en el sistema de transporte rosarino, con un índice de 3,68 en el mes de octubre de 2008. Ésto representa 424.151 pasajeros equivalentes, con 115.162 kilómetros recorridos, generando divisas para SEMTUR por $678.641,60. ¿Alguien puede afirmar seriamente que los trolebuses son deficitarios con semejante ingreso mensual????

LA DELGADA LÍNEA QUE SEPARA A CONCEDENTE DE CONCESIONARIO
Muchas veces, la necesidad de contar con oferentes para una licitación, o bien, conservar las empresas que ya están en una ciudad, fomentan situaciones permisivas que hacen que se confundan los infranqueables límites que deben existir SIEMPRE entre quien cumple una concesión, y quienes la otorgan.
El financiamiento de muchos partidos políticos suele sostenerse parcialmente con los aportes de empresarios privados. En ocasiones, se apela a la magnanimidad de las concesionarias de servicios públicos. Por lo general, éstas acceden, pues saben que tarde o temprano, harán valer esa colaboración para evadir controles, o para que los mismos sean menos rigurosos. Si ese “colaboracionismo” existe (trasladar gratuitamente personas para un acto político, facilitar repuestos para los colectivos municipales o bien, prestar colaboración técnica), los funcionarios encargados de hacer cumplir las ordenanzas se verían limitados moralmente para aplicar el peso de las disposiciones. Mucho más grave es ésto, si se crean lazos de familiaridad impropios, aún tan inocentes como aceptar invitaciones para comidas en las instalaciones de las empresas.
Digamos que no sólo hay que ser decente, sino también, hay que aparentarlo…
Dentro de este esquema, y asumiéndose puertas para adentro las inequidades que implicaría una franquicia desmedida o la quita de subsidios para destinarlos a una empresa oficial con mayores erogaciones, es que el poder concedente podría intentar paliar los reclamos del empresariado privado permitiéndole no renovar en tiempo y forma su flota, o admitiendo el traspaso de líneas con otra compañía privada –aún presumiendo una operación a título oneroso, de la que no existirá constancia alguna para el municipio-. También podría “hacer la vista gorda” ante el recorte de servicios ofrecidos al público, o respecto del mal estado de mantenimiento de las unidades. Ésto sería doblemente grave, por cuanto la Autoridad de Aplicación se convertiría en cómplice pasivo de accidentes y otras eventualidades, al no ejercer su poder de policía.
Por su parte, teniéndose a mano los datos de recaudaciones que proporcionaría la administración de un sistema prepago de pasajes, se podría saber fehacientemente si las empresas concesionarias están administradas correctamente o no. Cualquiera con esos datos podría saber si los ómnibus no son renovados por falta de divisas o porque las utilidades se destinan a la compra de bienes de capital para los propietarios de la empresa, y que no pertenecen al rubro del transporte público de pasajeros, lo que muchas veces se conoce como “vaciamiento”.

Hace unos años, en la capital provincial se denunció en un periódico, que el poder concedente certificaba que una determinada cantidad de unidades de transporte colectivo se hallaba en circulación con el propósito de que sus empresas propietarias percibiesen los subsidios nacionales, cuando en realidad, los coches en cuestión estaban detenidos y semi desmantelados. Lo mismo podría decirse si existiese la posibilidad de que una compañía de transporte transfiriese a terceros (a título gratuito ú oneroso) el combustible que el Estado Nacional le entregase con un valor de precio diferencial. El primero en saber esta irregularidad sería el Poder Concedente, pero no iría más allá, por efecto del “toma y daca” detallado en párrafos anteriores, y por temor a perder a un concesionario, con el problema que implicaría tener que reemplazarlo.

EL FUNCIONAMIENTO INTERNO DE UNA EMPRESA PRIVADA DE TRANSPORTE
Cuando una empresa privada de transporte quiebra o se funde, no siempre se debe exclusivamente a políticas erradas por parte del poder concedente, y es común que estas empresas no hagan su autocrítica.
Modelos empresarios de carácter cooperativista fueron superados por sucesivos cambios en la macroeconomía, pero también en el propio estándar de vida de quienes integraban esas sociedades. Así, personas que eran solteras en 1960 formaron familias que a su vez dieron lugar a otras, mientras que las empresas no crecieron en consecuencia. Muchos pretendieron acceder a bienes de confort, e inclusive, a elementos suntuarios como embarcaciones y hasta autos de carrera. Resulta más que obvio que una empresa de colectivos no puede sostenerse de esa manera...
El aburguesamiento de los componentes, puede propender a que quienes dirijan la compañía lo hagan con criterios personalistas y poco transparentes. Por lo común, se designa a parientes ó amigos para ocupar puestos clave en la administración y fundamentalmente en la sección compras, y es así cuando muchas veces estas personas no cuentan con capacidad profesional para ejercer esas funciones. Si por el contrario, se colocan en esas áreas estratégicas a sujetos externos al entorno gerencial, se corre el riesgo de que se cometan irregularidades varias en la adquisición de insumos y repuestos, etc. Un riesgo latente es que estas corrupciones internas jamás serán resueltas, ya que el cuerpo gerencial puede conocer los procedimientos indebidos de los empleados infieles, pero éstos a su vez, también advierten manejos impropios por parte de quienes administran la sociedad. Como dice el refrán: “una mano lava la otra, y las dos lavan la cara…”
Cuando esa conjunción de deficiencias madura, es demasiado tarde, fomenta el creciente endeudamiento en aportes patronales y provisionales y lleva a la desinversión. Si una empresa que padece esa situación de crisis interna debe enfrentarse a situaciones exógenas complicadas, como por ejemplo una poco coherente política gubernamental, el final de la compañía está anunciado.

CONCLUSIONES
Como se verá, la cuestión no es de ángeles y demonios. Hay responsabilidades compartidas tanto en el poder concedente como en las concesionarias, para que el desenvolvimiento del transporte público en una ciudad pueda ser eficiente.
NI LA EMPRESA PRIVADA ES UNA SOCIEDAD DE BENEFICENCIA, NI UN SERVICIO PÚBLICO TIENE POR QUÉ DAR GANANCIAS. En tanto ello no se comprenda, persistirán los mismos errores que terminaron jaqueando al transporte.

MARIANO CÉSAR ANTENORE
Rosario, 12 de enero de 2009